La derrota que no buscó culpables
Lo más notable de la cobertura de la final no fue la euforia española, esperable tras el título, sino la sobriedad con la que la prensa argentina aceptó la derrota. Una rareza en el ecosistema mediático del fútbol.
El Reportero · 10 oct

Lo previsible de la cobertura posterior a la final fue el coro español. «Mejor selección del siglo XXI», «reyes de todos los tiempos»: los medios de Madrid y Barcelona compitieron en hipérboles, como corresponde a un país que acaba de ganar su segunda Copa del Mundo. Nada de eso sorprende. Lo verdaderamente notable del día fue el silencio de la otra trinchera: la prensa argentina aceptó la derrota sin buscar culpables.
Clarín tituló con aceptación, Olé reconoció a España como «merecido campeón» y TyC Sports prefirió el tono emocional de la despedida de Messi antes que la polémica. No hubo rastreo de excusas arbitrales ni teorías conspirativas, aun con la expulsión de Enzo Fernández y una prórroga jugada en inferioridad numérica, el caldo de cultivo perfecto para el agravio. En el ecosistema mediático del fútbol, donde la derrota suele convertirse en un juicio, esa sobriedad es una anomalía.
La explicación es sencilla y a la vez incómoda para el relato del escándalo: cuando un equipo llega a dos finales consecutivas, gana una y pierde la otra con dignidad, no necesita litigar el resultado. El legado se defiende solo. La prensa argentina contó la derrota como lo que fue, un partido cerrado que se decidió por un detalle, y no como una injusticia que reclamaba venganza.
Del otro lado, la prensa española convirtió la victoria en coronación, que es el vicio opuesto: cuando ganas, todo se vuelve histórico. Los extremos son el mismo error. La lección de esta final no la dio el campeón ni el subcampeón, la dio una conversación que, por una vez, no necesitó transformar el fútbol en un tribunal. Ojalá dure.
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