La rareza de una derrota contada sin excusas
España levantó la Copa, pero lo más llamativo de la cobertura fue la sobriedad argentina: sin excusas arbitrales ni teorías conspirativas, pese a tener una expulsión a mano para fabricar un villano.
El Reportero · 1 oct

España levantó su segunda Copa del Mundo con un gol de Ferran Torres al minuto 106, tras un partido que se mantuvo cerrado durante los noventa minutos reglamentarios y que se rompió con la expulsión de Enzo Fernández en el segundo tiempo. Nada de eso sorprendió. Tampoco sorprendió la reacción de la prensa española, que compitió en hipérboles y coronó a la Roja como la mejor selección del siglo. Ganar un Mundial autoriza el superlativo, y los medios del campeón hicieron lo que suele hacer el periodismo deportivo: convertir un triunfo ajustado en una era.
Lo verdaderamente notable del día estuvo en la vereda de enfrente. Los medios argentinos narraron la derrota sin fabricar un villano. Sin rastreo de excusas arbitrales ni teorías conspirativas, pese a que la expulsión de Enzo Fernández ofrecía la materia prima perfecta para el victimismo. Olé, el diario deportivo argentino por excelencia, reconoció a España como merecido campeón. Clarín tituló con aceptación. TyC Sports prefirió contrastar la euforia ajena con la despedida de Messi antes que buscar culpables. DW, ajeno al vínculo emocional, fue el más equilibrado. Esa combinación es una rareza en el ecosistema mediático del fútbol.
Y esa rareza encierra una lección. La sobriedad no fue un regalo del azar: fue posible porque la derrota resultó indiscutible, con un hombre menos durante la recta final y un gol en la prórroga que no dejó margen para el relato alternativo. El victimismo, entonces, no es un destino: es una elección que la prensa activa cuando el resultado es debatible. La verdadera prueba de madurez no será cómo se contó esta final, sino cómo se contará la próxima derrota ajustada, la que sí tenga un fallo polémico o un detalle para explotar. Porque un ecosistema mediático se mide en las derrotas dudosas, no en las indiscutibles.
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