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La tregua duró un solo partido

El Mundial terminó con una final contada sin enemigos, pero la calma del último acto no debe leerse como un certificado de cobertura pareja.

El Reportero · 15 sep

Ferran Torres
Wikipedia (es)

La final se contó sin enemigos: el gol de Ferran Torres en la prórroga le dio a España su segunda estrella y los medios argentinos aceptaron la derrota sin excusas arbitrales ni teorías conspirativas, algo poco habitual. DW ofreció el relato más equilibrado al documentar la superioridad española sin minimizar la dignidad del subcampeón. Sin embargo, ese mismo día los medios españoles compitieron en hipérboles y coronaron a su selección como la mejor del siglo XXI antes de que se enfriara el festejo. La final se contó sin enemigos, pero no sin exceso.

El problema es confundir la sobriedad del último partido con un mes de cobertura sana. En junio ya lo advertimos en esta columna: mientras la prensa europea amplificaba sus goleadas, el Ecuador-Curazao pasaba sin eco, y un partido como Japón-Túnez solo encontró repercusión en México. Las historias de los equipos pequeños se contaron poco, tarde o nunca. La elegancia del 19 de julio no responde a esa deuda.

Ahí está el riesgo de la conversación que viene: tomar los buenos modales de la final como un certificado de que todo se cubrió bien. El sesgo de un torneo no se mide en el tono del último acto, sino en las decisiones diarias sobre quién merece un titular. España campeona confirma el centro del mapa; los márgenes siguen fuera de cámara.

La conversación no debería cerrarse con el alivio de una final sin polémica, sino con la pregunta que quedó sin responder: quién contó las historias de los que nunca llegaron a la final.

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